¿Para qué sirve el cine?

By | Julio 14, 2017



Siento notable pereza en estos meses casi desérticos en cuanto a estrenos medianamente apetecibles para salir de casa y consumirme en los cines. Y tampoco me seduce abrasarme el cuerpo y los nervios (a lo peor acabas entendiendo el arranque del extranjero camusiano: “Maté en la playa de Orán a un hombre al que no conocía porque hacía calor”) pateando las calles en plan sonámbulo. Por lo tanto, intento hacer grata la supervivencia mental viendo incansablemente en mi casa programas doble o triples o cuádruples de películas antiguas en blanco y negro. No es casual, las programo con mimo y tampoco pienso recurrir al psicoanálisis para que me lo explique. Veo sucesivamente París, bajos fondos, La evasión, Rocco y sus hermanos, Los viajes de Sullivan, Una mujer para dos, El bazar de las sorpresas, Berlín Occidente, Con faldas y a loco, El hombre que mató a Liberty Valance, El sueño eterno, La noche del cazador, Anatomía de un asesinato, Bola de fuego, Los sobornados, Plácido, Nazarín o La regla del juego. Y así voy a seguir. Arcadia en blanco y negro para todo el verano.

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